Los fanboys

Hoy quiero ponerme un poquito serio (más de lo normal).

De un tiempo a esta parte he notado un fenómeno que no fue muy visible sino hasta el auge de la era comunicacional: Las críticas de los fans. Los hay en todos los rubros; pero hoy tocaremos el tema en el área comiquera.

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Antes de los 90, las críticas eran realizadas por espertos que, por lo general, intentaban (o lo simulaban muy bien) realizarlas de manera objetiva , lo cual nos daba una pauta para decidir obtener o no tal producto. Estos expertos se tomaban la molestia de realizar todo un trabajo de investigación en tiempo récord, para poder hablar sobre el tema con una base sólida y sin fisuras.

Demás está decir que, una vez instalada en nuestras casas, Internet nos proveyó de un mundo de información casi sin fronteras. Sin embargo, hubo una de sus características que, si bien al principio pareció ser una ventaja, terminó siendo un arma de doble filo: La capacidad de emitir nuestra propia opinión.

Miles de personas inundan día a día blogs, redes sociales y sitios abiertos con líneas y líneas de pensamientos propios. Esto es muy bueno a priori, pero lo cierto es que entre tantos miles de millones de bytes volcados en la red, comenzó a surgir una clase de crítico o comentarista que afecta negativamente el ambiente. Se lo ha llamado de varias maneras, pero últimamente ha tomado fuerza una palabra que parece definirlo en sí misma: el fanboy.

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Este personaje nace como respuesta a ciertas críticas realizadas al objeto de su pasión, sea un cómic, una película, una serie o solo un personaje. Su reacción ante las opiniones contrarias a su gusto la expresa en forma explosiva y casi verbalmente violenta, llegando al punto de emitir una opinión lapidaria y rechazando de plano cualquier otro pensamiento distanciado del suyo, en una demostración de intolerancia similar a la del Apartheid en el siglo pasado, o la caza de brujas en la Edad Oscura. Su fanatismo raya lo infantil, llegando al límite del “no te escucho” o un “lala lala” cantado a toda voz, solo para evitar escuchar y/o permitir la opinión ajena.

Podría detallar decenas de experiencias personales, pero me gustaría solo recalcar algunos pensamientos que fui encontrando en mi navegar por foros y posts de cómics, especialmente aquellos que en estas últimas dos décadas han tenido su versión cinematográfica:
“No me gusta este Superman. No se parece en nada a Christopher Reeve. Además le falta el rulito”. Crítica sobre Henry Cavill en Man of Steel.
“Yo no veré esa película si él actúa. Hay más de un millón de mejores opciones”. Sobre la elección de Heath Ledger como el Joker.
“Y es posible que antes me haya pasado al decir que BATMAN INC es una mierda. Lo cierto es que no la he leído y tan sólo me guiaba por el trabajo previo de Morrison en Batman”
“Nooooooooooooooooooooooo!!!”. Comentario, confirmado por Ben Affleck, de un fan al enterarse de la elección del nuevo Batman.
“¿Dónde se ha visto que existan bichos y monstruos en la vida real?”. Sobre las bestias aparecidas en 300 de Frank Miller.

Estas y miles de otras se repiten no solo en el ámbito del cómic, sino también en otras opciones temáticas. Y en esto está el problema. Somos bombardeados por opiniones de las más variadas y es un hecho que entre tanta diversidad, dos o más pueden chocar. La cuestión reside en la manera resistir ese choque y nuestra reacción ante el mismo. Hay que tener en cuenta que, aún cuando nos asista la razón, el otro todavía puede mantener sus creencias, de la misma manera en que nosotros conservamos las nuestras.

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Es interesante ver cómo muchos defienden a tal o cual editora/personaje/guionista/director, con el conocimiento de que ellos no necesitan que los pongamos bajo nuestro amparo. De cualquier manera parece haber un placer especial en la emisión de una opinión, aún si con eso supiéramos que no logramos pasar la barrera del blog propio, todo en aras de un altercado. Lo que debería ser un punto a tener en cuenta es la riqueza que podríamos sacar de una discusión bien llevada, de manera tolerante y sin golpes bajos.

Para finalizar, les dejo un pensamiento de John Fitzgerald Kennedy que creo apropiado para todo lo expuesto anteriormente: “Si no podemos poner fin a nuestras diferencias, contribuyamos a que el mundo sea un lugar apto para ellas”.