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Everybody dies – El género Z

5 agosto, 2012

Ricardo ‘El Basu’ Basurto – México

Hace un par de entradas afirmé que preparaba un texto en honor de un personaje que marcó buena parte de mi vida: Gregory House. Él siempre defendió una máxima, ‘everybody lies’, y respecto al género Z, una parte fundamental de su trama es que expone con crudeza otra máxima de la vida: ‘everybody dies’.

Estoy de acuerdo, esta máxima es algo intrínseco a la vida misma y aplica para cualquier tipo de género literario, así que es incoherente decir que es exclusivo del género Z. No discuto eso, pero estoy convencido que el género Z, más que ningún otro, pone en perspectiva esta realidad inevitable: todos morimos.

Antes que nada, quisiera señalar que no creo que eso sea algo malo. Desde un punto de vista filosófico, si no existiera la muerte, la vida carecería de sentido y etcétera, etcétera, etcétera. Sin embargo, como plantea Jostein Gaarder en el libro ‘Maya’, “se tardan miles de millones de años en crear a un ser humano, y sólo se tarda segundos en morir.” Siguiendo este razonamiento, la preeminencia de la muerte en el género Z se debe a que se percibe desde distintas perspectivas; enfoquémonos tan sólo en dos.

La primera es el obvio hecho de que se interactúa con muchos ‘muertos’, lo que hace que sea un tema obligado; esto implica una condición más, y es que, como en toda obra dramática, la muerte acecha continuamente a los protagonistas. Por último, abordando al revés lo que plantea Gaarder, se presenta una alternativa de ‘vencer’ a la muerte, de continuar estando ‘vivo’, y eso siempre obliga a una reflexión.

Así pues, el primer punto me parece imprescindible. En el género Z se presenta un enfrentamiento con la muerte de una naturaleza diferente a lo cotidiano. No es sólo reconocer que en cualquier momento podemos morir, sino que es tener que verlo de frente todo el tiempo. Este es un sentimiento que sólo algunas profesiones, como policías, paramédicos y sepultureros enfrentan continuamente, el resto de nosotros nos podemos dar el lujo de decidir ignorarlo. En un apocalipsis zombie, tenemos que afrontar que parientes y amigos nuestros están frente a nosotros, pero que ya no están. Ver a un vecino sabiendo que está muerto, y que nosotros podemos estar como él en cualquier momento, es algo a lo que uno se tendría que acostumbrar: reconocer que cualquier día podemos morir; sin duda por eso las emociones tienes a ser tan apasionados, cada día puede ser el último, y todos lo saben.

Pero dejando de lado el hecho de tener que encarar cadáveres putrefactos, la muerte de nuestros conocidos y el terrible sentimiento de que cualquier podemos morir, hay un aspecto que me parece fundamental: la no muerte. Y no, no es como ser un vampiro que mantiene conciencia, recuerdos, sentimientos y demás. A menos que se trate de una subespecie de zombie a lo Marvel, la regla es que la ‘conciencia’ desaparece; el alma se pierde.

La condición humana que nos permite ser humanos es que reconocemos nuestro ambiente, podemos intuir de dónde venimos y resolver ciertos razonamientos de forma deductiva; sin eso, seríamos sólo animales. Pero si incluso somos incapaces de sentir temor, emociones o experiencias, si nos limitamos a existir, ya no seríamos ni eso, seríamos… bueno, zombies. Y es ese el punto que me produce tanta angustia, y creo que es el miedo recurrente de los personajes: convertirse y perder su humanidad, pero sin poder descansar. Sean o no religiosos, el hecho de seguir por aquí, pero sin estar, es una perspectiva que pone en entredicho la vida y la muerte: ¿es bueno morir, pues se va a vivir por más tiempo? Estoy seguro que la Biblia no se refería a esto cuando hablaba de la vida eterna más allá de la muerte.

Así pues, aunque todos morimos, y muchas veces nos podemos mentalizar para aceptarlo, no deja de ser complicado. Ahora, imaginen tener conciencia de que se puede morir de improviso, pero a pesar de todo, tener esperanza en una cierta supervivencia, y súbitamente morir de otra forma antinatural. Un ataque zombie es algo esperado, un cáncer es algo esperado, ser asesinado por un bat con alambre de púas es algo terrible. Todos son consientes de que pueden morir, pero con esa crudeza y esa sorpresa… simplemente no debería pasar. Éste artículo estaba casi concluido, pero recién vi el número 100 de TWD y quedé en shock. Pocas veces he soltado una  lágrima por un personaje ficticio: descansa en paz Glenn; si el mundo de Sofía tenía algo de razón, en cierta forma, nunca morirás.