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Liga de la Justicia 3000 Núm. 1

8 febrero, 2015
 
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Edición original: Justice League 3000 núms. 1 a 4 USA
Edición nacional/ España:ECC Ediciones
Guión: J.M. DeMatteis, Keith Giffen
Dibujo: Howard Porter
Entintado: Howard Porter
Color: HIFI
Formato: Rústica, 96 págs. A color.
Precio: 8,95 euros

 

1000 años dan para mucho.

En mayo de 1987 la pareja de guionistas Keith Giffen y J.M. DeMatteis se atreven a romper moldes en la dirección opuesta a la que parecía ser la línea a seguir en cómics de superhéroes. Mientras que el mercado ve como los héroes se oscurecen (Batman Dark Knight Returns), se diseccionan (Watchmen) y en general las historias se tornan más realistas y adultas, Giffen y DeMatteis apuestan por lo contrario y forman una nueva Liga de la Justicia totalmente renovada no solo por sus miembros, donde Batman es el más conocido, sino por concepto. Ya no se trata de reunir a los más grandes bajo un mismo título, sino que ahora la Liga está formada por héroes de dudosa valía, cargados de conflictos internos, inseguridades y egocentrismos, con intereses muy dispares a la hora de formar parte del que se supone es el mayor grupo de héroes del planeta. Pero no satisfechos con tener una liga cargada de secundarios se propusieron, además, contar historias diferentes y más dignas de cualquier sitcom televisiva, lo que era toda una declaración de intenciones.

El experimento funcionó y lo hizo tan bien que a día de hoy es considerada una de las mejores encarnaciones que ha tenido el grupo a lo largo de toda su historia.

Unos diálogos chispeantes, enérgicos, dinámicos, rozando lo frenético, apoyados por los extraordinariamente expresivos dibujos de Kevin Maguire, capaz de dotar de mil y una caras a los personajes hacen de esta etapa una etapa para el recuerdo.

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Hoy, pasados 28 años, se reúnen de nuevo Keith Giffen y J.M. De Matteis, con un Kevin Maguire que al final fue sustituido a última hora por Howard Porter, en una cabecera en la que se pueden volver a leer las palabras Liga de la Justicia. La expectación es máxima. La esperanza de poder volver a vivir algo, sino igual, si muy similar a lo que fueron capaces de crear en 1987, hace que acercarse a esta serie sea de obligado cumplimento para cualquier aficionado al Universo DC.

Estamos en el año 3000. Todo está bajo el férreo yugo de Los Cinco, unos seres omnipotentes que persiguen controlar todos los confines del universo. En medio de esta tiranía, Cadmus, los laboratorios de bioingeniería genética del siglo XX, han traído de vuelta a los cinco más grandes héroes de ese siglo con el fin de enfrentarse a estos enemigos de proporciones cósmicas. Son ellos, Batman, Superman, Wonder Woman, Flash y Green Lantern, los que deberán volver a salvar a la galaxia si antes no terminan por matarse entre ellos. Privados de sus recuerdos, viven de forma pasajera lo que un día fueron, sin ser capaces de darse cuenta que ellos son la leyenda que un día lo cambio todo.

Si en 1987 Giffen y DeMatteis se rodearon de secundarios tan loables como Booster Gold, Blue Bettle, Hielo o Fuego, ahora deciden volver a la carga pero renovándose tal y como hicieron en el pasado. En La Liga de la Justicia 3000 van a jugar con los grandes, los pesos pesados, pero para estos dos escritores eso no plantea ningún reto y los limita mucho en tanto que tras 1000 años no disponen de los personajes originales. Por tanto recurren a “clones” de los héroes, con poderes mermados y personalidades alejadas de las que todos conocemos, para volver a contarnos historias donde el humor y los diálogos son el principal motor de la serie.

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Un Superman que reniega de Clark Kent, un Batman que no recuerda el traumático acontecimiento que lo motivara de por vida, una Wonder Woman más guerrera que nunca, un Flash titubeante por no disponer de todos su poderes y un Hal Jordan que sigue demostrando que la voluntad e imaginación son capaces de sobrevivir al tiempo mismo. Todo un caldo de personalidades que permiten que los guionistas jueguen con libertad absoluta, para lo bueno y lo malo, al no tener que rendir cuentas editoriales a nadie ya que lo que suceda en la serie no tiene repercusión en el momento actual de la continuidad.

¿Pero la serie es capaz de emular a la de 1987?

No, está claro que no, pero porque los mismo autores no pretenden auto plagiarse, sino volver a renovarse y esta vez haciéndolo sobre uno de sus propios conceptos y fórmulas que tan buen resultado les dio en el pasado. Y eso es un acierto. Los tiempos han cambiado y lo que antaño funcionó, no tiene por qué hacerlo ahora y conscientes de ello, Giffen y DeMatteis no se limitan a repetir la fórmula, sino que la fuerzan un poco más expandiéndola a todo un universo por explorar.

En este número estamos ante la clásica presentación de escenario y personajes. Hay que decir que se centran más en el escenario que en los personajes, ya que lo primero es más desconocido y nuevo que los propios personajes principales que, sin ser los originales, arrastran conceptos de los originales. Hay todo un universo por conocer, definir la amenaza, marcar quienes son los secundarios… Giffen y DeMatteis son dos maestros del cómic, dos leyendas vivas que han dejado su huella en numerosos trabajos y como tales realizan un trabajo soberbio de manual a la hora de caracterizar a todos los personajes con los que van a trabajar en la serie.

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En cuanto al apartado gráfico fue una mala noticia que Maguire se descolgara del proyecto, pero hemos ganado a Howard Porter con un estilo más oscuro y acorde con la situación que plantean de salida los guionistas. Se añoran las expresiones faciales de Maguire pero se gana con un Porter muy evolucionado desde su trabajo con Morrison en otra noble y muy interesante etapa de la Liga de la Justicia. Su trazo se ha vuelto menos anguloso, pero sin perder su característico trazo recto, siendo capaz de plasmar planos más complejos con mucha más plasticidad. Perder la rigidez que caracterizaba su dibujo hace que también haya ganado en capacidad narrativa, amoldándose más y mejor a las largas escenas de diálogos que los guionistas imponen a la historia. Un cambio positivo en una serie que por estilo no hubiera terminado de adecuarse al trabajo de Maguire… aunque seguiremos añorando siempre sus lápices.

Un trabajo solvente, entretenido, fresco, dinámico y divertido que no termina de estar a la altura de su predecesora en los años ochenta, pero que hoy entre medio de tanta serie mediocre, destaca con suficiente fuerza y personalidad como para que su lectura nos resulte profundamente amena.

Reírse a carcajadas ya queda a criterio de cada uno. BWAHAHAHAHA!!

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